El costo de la canasta de servicios en el AMBA se aceleró en los últimos 12 meses y quedó 18 puntos por encima de la inflación.

De acuerdo a un informe del Observatorio de tarifas y subsidios del IIEP (UBA-Conicet), un hogar promedio del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) sin subsidios destinó en abril $212.694 para cubrir energía eléctrica, gas natural, agua potable y transporte público. La cifra implica un incremento del 49% interanual, 18 puntos por encima de la inflación de ese período.
Aunque el aumento anual es contundente, el valor de abril mostró una leve baja mensual del 0,4%. La explicación radica en la caída del 22,5% en el gasto de energía eléctrica, que se reduce estacionalmente en este mes. Esa disminución compensó las subas en otros rubros, como el gas natural, que trepó 16% por mayor consumo y ajuste del cargo fijo, y el transporte, que avanzó 6,1%.
El informe señala que los hogares del AMBA pagan tarifas que cubren, en promedio, el 61% de los costos de los servicios, mientras que el Estado nacional absorbe el 39% restante. En este contexto, la menor demanda de electricidad en abril permitió que el incremento tarifario no se trasladara de manera plena al gasto total. Sin embargo, la tendencia de fondo muestra que la canasta de servicios públicos se encarece más rápido que el índice general de precios.
En relación con los salarios, la canasta representó en abril el 12,2% del ingreso promedio registrado. En esa línea, el transporte explica el 50% del total de la erogación. Según el documento, “el gasto en transporte se presenta como el de mayor consideración sobre los ingresos del hogar”. El costo técnico del boleto de colectivo se estimó en $1.927. En paralelo, la nafta súper promedió $2.041 por litro a comienzos de mes, reflejando la presión del sector hidrocarburífero en el rubro.
Ante este escenario, el peso de los servicios deja de ser un gasto más para convertirse en un condicionante estructural del consumo. Con ingresos que no acompañan esa dinámica, los hogares quedan cada vez más expuestos a recortar otros rubros para sostener prestaciones básicas. Así, se consolida una situación en la que garantizar lo esencial implica, inevitablemente, resignar otros consumos.

