Primero, porque no nació de La Libertad Avanza sino del PRO, aquel aliado legislativo del primer año con el que hace rato disputa una batalla de fondo por el liderazgo político de la nueva centro-derecha argentina, en el marco de un nuevo esquema ideal para el oficialismo que concebiría al sistema político vernáculo en dos mitades: una del centro hacia la izquierda; otra del centro hacia el otro extremo.
Segundo, porque interpeló desde un primer momento la razón de ser de los libertarios. Aquello de llegar al poder para poner fin a los privilegios de “la casta”. ¿Qué pelea más anti-casta puede plantearse que impedir que una persona con doble condena confirmada por corrupción con dineros públicos se presente a un cargo electivo, suerte de mecanismo de saneamiento institucional?
Tercero, porque hubo un primer “off side” de los violetas cuando se trató originalmente el proyecto el Diputados, sin suerte por cierta colaboración oficialista o, lo que es igual, porque los violetas no jugaron en serio para que obtuviera media sanción.
LA SEMILLA DE LA DUDA
Fue ahí cuando se plantó la primera semilla de la duda de algún tipo de acuerdo subterráneo entre el Presidente y Cristina Kirchner, la principal perjudicada por Ficha Limpia dada su condición de doble condenada.
Eso obligó a Milei a prometerle a la diputada nacional macrista Silvia Lospennato, la cara de la iniciativa Ficha Limpia, que impulsaría el tema en persona. En la segunda ronda de la Cámara Baja sí salió el proyecto, con un bloque de LLA muy expuesto y sin otro margen de acción que enviarle todo el fardo al Senado, donde el Gobierno sólo tienen media docena de representantes.
Pero en el medio pasaron cosas. Lo esencial: Lospennato se convirtió en la candidata principal del PRO en las elecciones porteñas que se realizarán el domingo 18, para redefinir la Legislatura local y en las que los libertarios pretenden empezar a desbancar al macrismo de la hegemonía de casi dos décadas en el distrito.

