Los préstamos incobrables pasaron del 2,6% al 10,8% en un año y crece la alarma por el endeudamiento familiar.

La mora en los créditos no bancarios alcanzó niveles récord en la Argentina y encendió nuevas alarmas sobre la situación financiera de miles de hogares. Según un informe de la consultora EcoGo, la proporción de préstamos catalogados como “irrecuperables” se cuadruplicó en apenas un año.
De acuerdo al relevamiento, los créditos con menores posibilidades de cobro pasaron de representar el 2,6% de la cartera total en marzo de 2025 al 10,8% en marzo de 2026.
El estudio detalló que la irregularidad total de la cartera de crédito no bancario llegó al 27,5%, cuando un año atrás era del 10%. El empeoramiento se aceleró desde la segunda mitad de 2025: en septiembre la irregularidad era del 18,7%, en diciembre escaló al 23,1% y en marzo tocó el valor más alto registrado. En paralelo, los créditos clasificados como “riesgo alto” pasaron del 3,1% al 9,9% de la cartera total en apenas doce meses, lo que refleja un deterioro generalizado en la capacidad de pago.
El informe atribuye esta situación a tasas de interés elevadas, menor capacidad de refinanciación y caída del ingreso disponible de las familias. El 92% del crédito no bancario está destinado a hogares y equivale al 36,7% de una masa salarial mensual. Si se suma también el financiamiento bancario, el peso total de las deudas asciende al 145,4%. Entre trabajadores informales y monotributistas, el endeudamiento no bancario ya equivale al 161% de los ingresos mensuales estimados.
Por otra parte, la mora también sigue creciendo en el sistema financiero tradicional. Según EcoGo, la irregularidad de las entidades bancarias alcanzó en marzo el 6,7%, el nivel más alto desde febrero de 2020. En el caso de las familias, la mora bancaria llegó al 11,6%.
El cuadro expone un deterioro profundo en la capacidad de pago de los hogares y un sistema financiero que se sostiene sobre endeudamiento creciente. Aunque el discurso oficial insiste en la estabilidad macroeconómica, la realidad muestra que las familias se hunden en deudas cada vez más difíciles de afrontar. La falta de respuestas estructurales convierte la mora en un síntoma de un modelo que prioriza la rentabilidad de las entidades por encima de la protección social.

