El arzobispo advirtió sobre la intolerancia, pidió recuperar el diálogo y llamó a reconstruir los vínculos sociales.
Miles de peregrinos culminaron este domingo la tradicional caminata hacia la Basílica de Luján, donde el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, encabezó la misa central y dejó un mensaje atravesado por fuertes referencias a la situación social del país. Durante su homilía, llamó a dejar atrás la confrontación, cuestionó los discursos de odio y reclamó reconstruir los lazos comunitarios en una sociedad que consideró cada vez más fragmentada.
Ante una multitud de fieles, el prelado definió a la peregrinación como una experiencia de encuentro capaz de reunir a personas de distintos sectores, creencias y realidades. En esa línea, sostuvo que el camino compartido deja enseñanzas sobre la convivencia y recordó que en la marcha no existen divisiones ideológicas ni exclusiones porque todos avanzan con el mismo objetivo.
El momento más contundente de su mensaje llegó cuando afirmó que la Argentina arrastra «muchos abrazos pendientes». Con esa imagen, aludió a la necesidad de promover el perdón frente a las descalificaciones, fortalecer la solidaridad ante la indiferencia y recuperar espacios de encuentro en medio de un clima marcado por la tensión y el enfrentamiento.
También alertó sobre las consecuencias de la violencia verbal y simbólica en la vida cotidiana. Según expresó, las heridas provocadas por la intolerancia y la agresión permanente continúan abiertas y terminan dañando la convivencia social.
A lo largo de la celebración, García Cuerva puso el foco en quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, desde las personas sin trabajo hasta quienes viven en la calle, los adultos mayores y los jóvenes afectados por las adicciones. Finalmente, convocó a los peregrinos a convertirse en promotores del encuentro y la solidaridad, al sostener que la construcción de una sociedad más integrada comienza por el reconocimiento del otro como hermano.
