El ministro Caputo pidió una ley para castigar a periodistas por “información inexacta” y Milei acompañó con insultos en redes.

Javier Milei volvió a protagonizar una ofensiva contra la prensa con una catarata de agravios en redes sociales, en una jornada en la que el ministro de Economía, Luis Caputo, sumó un planteo todavía más preocupante. El funcionario reclamó una ley para castigar a periodistas que publiquen información considerada “inexacta”, una iniciativa que abre un serio interrogante sobre los límites que el Gobierno pretende imponer al ejercicio de la libertad de prensa.
El Presidente reaccionó primero contra publicaciones que daban cuenta de una supuesta reunión con economistas cercanos al oficialismo. Para desmentirlas, apeló nuevamente a los insultos y calificó a quienes las difundieron como “mierdas humanas mentirosas”, además de utilizar otros términos despectivos.

Caputo llevó la pelea a otro terreno
La escalada tomó una dimensión institucional cuando Caputo respondió a una publicación que lo vinculaba con el Grupo Lenor, que quedó relacionado con el control de los surtidores de combustible luego de una modificación en las funciones del INTI. El ministro negó conocer tanto al grupo como al empresario Julio Made, pero fue más allá de la aclaración.
Caputo sostuvo que “la Justicia debería actuar” y reclamó una legislación que castigue este tipo de publicaciones. Su argumento fue que no resulta razonable que alguien pueda escribir información sin sustento y no enfrente consecuencias. Milei respaldó inmediatamente el planteo y compartió su mensaje bajo la consigna “Desenmascarando mentirosos”.
El problema ya no queda limitado al tono utilizado por el Presidente. La propuesta de establecer castigos para periodistas por publicar información considerada inexacta puede generar un efecto disciplinador sobre medios y trabajadores de prensa, especialmente cuando la definición de qué es verdadero o falso queda atravesada por el poder político.
Cualquier publicación puede ser desmentida, cuestionada y eventualmente sometida a las vías judiciales correspondientes. Pero convertir la crítica periodística en una conducta pasible de sanción representa otro escenario. La libertad de prensa supone, justamente, la posibilidad de investigar, incomodar y señalar errores o contradicciones del poder, sin que esa tarea quede condicionada por amenazas de castigo.
