El embajador de Estados Unidos en la Argentina, Peter Lamelas, reclamó limitar la presencia de empresas chinas en Vaca Muerta. Durante el AmCham Energy Summit 2026, el embajador cuestionó los vínculos tecnológicos con Beijing y advirtió que la participación de firmas de ese origen podría desalentar inversiones occidentales.
“China exige a las empresas que le den al Estado chino acceso a cualquier dato que pasa por su tecnología y redes de IA”, sostuvo Lamelas. Con ese argumento, apuntó contra la posibilidad de que Huawei avance en un acuerdo tecnológico con la cooperativa eléctrica neuquina CALF.
La embestida diplomática buscó frenar de forma activa la expansión de la empresa china en Neuquén. Para Lamelas, el manejo de datos es «seguridad nacional» y resulta prioritaria para que corporaciones occidentales desembarquen en el país. Como contrapeso, el diplomático reveló que EE. UU. analiza financiar el proyecto eléctrico AMBA I, una obra estratégica de 800 millones de dólares.
La oposición pide explicaciones
El planteo generó una reacción política inmediata. El diputado de Unión por la Patria Aldo Leiva citó a Lamelas a la Comisión de Asuntos Cooperativos para el 19 de agosto, para que explique sus dichos y su actuación frente al acuerdo de CALF con Huawei.
Leiva habló de “presiones” y “amenazas”, y recordó que la comisión recibió a representantes de la cooperativa, quienes expusieron sobre hechos que involucraron a funcionarios de la embajada estadounidense. La convocatoria busca que el diplomático dé explicaciones sobre una intervención que, para la oposición, excede una opinión sobre negocios privados.
La disputa expone la tensión entre los vínculos que Argentina mantiene con China y el alineamiento cada vez más estrecho del Gobierno con Washington.
La discusión sobre Vaca Muerta ya no pasa solo por las inversiones o la tecnología, también expone quién decide sobre los recursos del país. Cuando las alianzas empresariales quedan supeditadas a las advertencias de una potencia extranjera, el debate deja de ser comercial para convertirse en una cuestión de soberanía.
Frente a este escenario, el país corre el riesgo de resignar su autonomía mientras actores externos fijan los límites de lo que se puede hacer en territorio propio.
