Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la actividad física se define como todo movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que requiere consumo de energía. Es por eso que «moverse», en cualquiera de sus formas, es indispensable para mantener un estándar de vida saludable. Así, dentro de la actividad física se diferencian dos categorías: el ejercicio físico y el deporte.
Ejercicio físico: es una actividad planificada, estructurada y repetitiva con el fin de mejorar o mantener el estado físico.
Deporte: disciplina con estructura específica y reglamento, como el fútbol, el tenis, el hockey o el atletismo, que puede practicarse de forma recreativa, competitiva o de alto rendimiento.

“Para obtener beneficios en la salud, se recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada o 75 minutos de actividad intensa. Se ha comprobado que entrenar entre 300 y 450 minutos semanales genera mayores beneficios”, aconseja la Dra. Valeria El Haj, Directora Médica Nacional de OSPEDYC.
Por otro lado, el comportamiento sedentario se refiere a la falta de movimiento durante las horas de vigilia, es decir, actividades que implican poco esfuerzo como estar sentado o recostado por largos períodos. Su impacto en la salud depende del nivel de actividad física realizada en el tiempo activo. Según un estudio, el 31% de los adultos y el 80% de los adolescentes no cumplen con los niveles recomendados de actividad física.
¿Qué beneficios trae la actividad física en cada etapa de la vida?
Niños y adolescentes: mejora la forma corporal, la salud cardiorrespiratoria y ósea, la salud mental y la capacidad cognitiva, además de reducir la grasa corporal.
Adultos y adultos mayores: disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares, hipertensión, cáncer, diabetes tipo 2 y caídas, además de mejorar la salud mental, la función cognitiva y la calidad del sueño.
Mujeres embarazadas y en puerperio: reduce el riesgo de preeclampsia, hipertensión gestacional, diabetes gestacional, aumento excesivo de peso, complicaciones en el parto y depresión posparto. Además, no tiene efectos adversos sobre el peso al nacer ni aumenta el riesgo de muerte prenatal.
“Para contrarrestar los efectos negativos del sedentarismo y aprovechar los beneficios de la actividad física en cada etapa de la vida, es fundamental adoptar hábitos de movimiento en la rutina diaria. Caminar, subir escaleras, realizar pausas activas y practicar algún deporte o ejercicio físico son acciones simples pero efectivas para mejorar la salud y el bienestar. Cuidar el cuerpo en movimiento es una inversión en calidad de vida y prevención de enfermedades a largo plazo”, finaliza la Dra. El Haj.

