La 189° edición del clásico platense marcaba el encuentro entre dos equipos que llegaban en condiciones similares. Claro, si bien la diferencia de jerarquía es enorme, ambos llegaban a los ponchazos, con una paciencia a punto de agotarse por parte de sus hinchas. Es que el Pincha tan solo había ganado uno de sus últimos seis partidos (2-0 vs. Carabobo), mientras que el Lobo no había sumado de a tres en los últimos cinco partidos y su última victoria había sido el 23 de febrero. Sin embargo, y contra los pronósticos, no fue Gimnasia el que se adaptó a Estudiantes, sino que fue el León el que cambió. En el segundo tiempo, Domínguez rompió la línea de cuatro y puso cinco en el fondo para que los centrales no jueguen mano a mano con Rodrigo Castillo y Jan Hurtado.
Los primeros 20 minutos fueron funcionales al León, que manejó la pelota y tuvo tres chances para ponerse en ventaja. Pero el empuje y la enjundia de su gente, hicieron que Gimnasia comience a ganar las divididas. Así fue que llegó el 1-0 de la mano del Pata Castro, que se la picó a Mansilla para luego definir de volea tras el rechazo de Núñez sobre la línea. Estudiantes no le encontraba la vuelta y la idea de defenderse con cinco era contraproducente en el ataque, en donde tan solo tenía a Palacios y a Carrillo como amenazas, ya que el mediocampo quedaba lejos.

Y la muestra de que Estudiantes desperdició un tiempo fue el propio accionar de su entrenador. Domínguez rompió la línea de cinco y metió a Cetré arriba para armar un 4-3-3 que apabulló a Gimnasia. De hecho, el Pincha hizo figura a Insfrán que tuvo siete atajadas para negarle el empate a Estudiantes, que comenzó a hacer pesar la billetera. Claro, ante la gran actuación del arquero del Lobo y el pasar de los minutos, a Estudiantes parecía que se le había pasado su momento. Y su DT se la jugó. Domínguez abandonó cualquier posibilidad de creación por adentro y metió dos nueves: Giménez y Alario, que se sumaron a Carrillo. Y así llegó el gol, a los 49’, cuando Guido bajó un centro para que Giménez ponga el empate agónico. En fin, el Pincha salió vivo y Gimnasia se fue con la moral baja. Un empate para seguir viviendo.

